Imagina que celebras tu cumpleaños con un gran cava brut natura… pero te lo sirven en un vaso de plástico. ¿Te gustaría? Pues con el café ocurre exactamente lo mismo. ☕
Cuando hablamos de café de calidad, a menudo nos fijamos en el origen o punto de tostado. Pero hay un detalle que a menudo olvidamos: la taza.
El material, la forma y el tamaño pueden transformar completamente la experiencia en la taza, por bien o por mal.
El secreto está en el intercambio térmico
Joan nos lo explica claro en nuestro Instagram: la taza debe ser de cerámica y tener intercambio térmico. Esto significa que el material ayuda a mantener la temperatura ideal del café: ni lo cuece, ni lo enfría.
Una taza sin ese intercambio, como las de porcelana, puede hacer que el café pierda temperatura demasiado rápido y acabe mostrando sabores amargos o salados.
No todas las tazas buenas son buenas para lo expreso
No todo acaba en el material.
La forma también cuenta, y mucho.
Una taza con el culo completamente redondo ayuda a que la crema emulsione mejor, es decir, que la textura y el color sean más consistentes y agradables.
Si el culo es plano, esta emulsión no se forma bien y el café pierde parte de su encanto visual y gustativo.
También hay que tener en cuenta la abertura de la taza: si es demasiado ancha, la crema se estira y se rompe.
Para conseguir el expreso perfecto, buscamos una crema de unos 3 milímetros de grosor, uniforme y persistente.
En resumen
Escoger una buena taza no es ningún capricho, es parte de la experiencia del café.
Al igual que el cava necesita su copa, el café necesita su taza.
Una taza de cerámica, con forma redondeada y una abertura equilibrada es la mejor opción.
👉 Puedes ver el vídeo completo de Joan en nuestro perfil de Instagram y descubrir todos estos detalles con ejemplos reales.