Cuando compras un café de especialidad, normalmente solo ves el resultado final: la bolsa, el origen y la taza.
Pero antes de que ese café llegue a la web o a vuestra casa, hay muchas muestras que se quedan por el camino.
Todo empieza con el café en verde.
Analizamos los granos uno por uno para detectar posibles defectos, irregularidades o problemas que podrían afectar la calidad final de la taza.
Después tostamos pequeñas muestras específicamente para analizarlas.
En este punto no buscamos solo que el café “sea bueno”. Buscamos entenderlo:
- qué aromas tiene
- cómo evoluciona
- si es limpio
- si es equilibrado
- y si mantiene consistencia entre tazas
A continuación hacemos lo que se conoce como cupping: infusionamos las muestras con agua caliente y dejamos reposar el café para poderlo probar en condiciones controladas.
Aquí es donde realmente aparecen los detalles.
Sabores, defectos, aromas, textura, acidez, dulzor… Todo queda expuesto.
Y hay algo especialmente importante: todas las tazas deben responder igual.
Si una muestra es diferente de las otras, significa que el café no es uniforme. Y si no hay uniformidad, tampoco habrá consistencia en tu casa.
Por eso, a veces, un café aparentemente bueno queda descartado.